NOTA DEL AUTOR

NOTA

En ningún caso nos responsabilizamos de las decisiones que pueda tomar cualquier lector, aunque se haya inspirado en los contenidos de este blog. Las decisiones que tomen los lectores serán enteramente suyas, así como los perjuicios y beneficios que se desprendan de sus actuaciones.




viernes, 31 de agosto de 2012


Invertir en tiempos difíciles
Bolsavida

En estos tiempos difíciles, millones de personas están en paro, millones de funcionarios han visto reducidos sus sueldos en un 20%, muchos miles de trabajadores de la administración pública se están quedando sin empleo, miles de pequeñas empresas han cerrado sus puertas, las empresas que siguen en pié no paran de lanzar trabajadores a la calle, nos aumentan los impuestos, nos disminuyen prestaciones sanitarias, nos reducen servicios educativos y sociales y, de momento, no se perciben signos de que esto haya tocado fondo.

En este contexto no importa demasiado si hemos perdido mucho o poco dinero en bolsa. Lo verdaderamente importante es comer cada día, vivir dignamente aunque no nademos en la abundancia y mantener la dignidad y la confianza en el futuro.

Después de cuatro años de crisis, con la caída de las bolsas, somos muchos los pequeños inversores que hemos visto disminuir el precio de nuestras acciones. El capital de nuestra cartera se ha reducido un 50%, e incluso más. Cuando cundió el pánico y muchos pequeños inversores vendieron precipitadamente sus acciones a precios ridículos, consolidaron unas pérdidas, a veces por encima del 80%, que ya nunca recuperarán.

Los que no vendimos cuando deberíamos haberlo hecho, ni posteriormente cuando estalló el pánico, ahora sabemos que no vamos a vender a cualquier precio. Con el tiempo, el que sea necesario, la bolsa remontará posiciones y nos dará la oportunidad de recuperar lo perdido. De momento, por el capital que nos queda, estamos percibiendo unas rentabilidades por dividendos muy superiores a lo que nos ofrecen por cualquier otro producto financiero.

Con la crisis han aumentado las oportunidades, las acciones han bajado sus precios alrededor de un 50% de media, desde que cotizaron en máximos en 2007. Los beneficios de las empresas también se han resentido, pero mucho menos que los precios de las acciones.

Ahora se da la paradoja de que muchas empresa muestran una relación precio/beneficio mucho más ventajosa que en cualquier otro momento del periodo de bonanza económica. Existen muchas empresas del Ibex35 y algunas otras del Mercado Continuo que cotizan en bolsa con unos PER inferiores a 10 y con rendimientos anuales por dividendos superiores al 8%.

Ahora es mucho más rentable comprar acciones de determinadas empresas. Es un buen momento para comprar acciones de calidad a buen precio y con unas rentabilidades por dividendo muy superiores a cualquier otro, producto financiero que se nos pueda ofrecer.

Pero el problema de los pequeños inversores es la falta de capital para invertir. En el mejor de los casos, los que aun conservamos el empleo, hemos visto reducir nuestros salarios de forma considerable, y con ellos nuestra capacidad de ahorro ha disminuido, en muchas ocasiones también mermada por a las ayudas que tenemos que aportar a familiares que han perdido su empleo y necesitan nuestras aportaciones para sobrevivir.

En estos tiempos difíciles, si aún nos queda alguna capacidad de ahorro no sería prudente invertir-lo en bolsa. El ahorro neto, conseguido a partir de nuestro salario, deberemos emplearlo en estos momentos para hacer frente a posibles necesidades familiares imprevistas, y lo invertiremos en cuentas remuneradas o depósitos a plazo que nos peritan un alto grado de disponibilidad y que gocen de la protección del “Fondo de garantía de depósitos”.

Pero si tenemos las necesidades básicas cubiertas, mantenemos nuestro empleo y tenemos algunos ahorros en cuentas, depósitos, acciones de bolsa etc., dispondremos de unos rendimientos del capital ahorrado que, aunque sean mínimos, los podremos invertir en bolsa, sin riesgo de vernos descapitalizados.

Me refiero al dinero que percibimos a lo largo del año como rendimiento de nuestros ahorros e inversiones: intereses de cuentas i depósitos, dividendos de acciones etc.

Este dinero lo podemos invertir a largo plazo en acciones de calidad con buena relación precio/beneficio (PER) y un buen rendimiento por dividendos. Por ejemplo en acciones de las empresas que cotizan en el Ibex35 que presenten un PER inferior a 10 y un rendimiento por dividendos superior al 7% anual, con respecto al precio de compra de las acciones. Con esto adquiriremos acciones de bolsa con un capital que no socavará nuestros ahorros básicos y con unas expectativas a medio y largo plazo verdaderamente prometedoras.

domingo, 5 de agosto de 2012


Caure i tornar a començar

Maria Sentandreu

Hi ha qüestions que escapen al nostre control, hi ha coses que ocorren perquè sí i no cal buscar cap explicació. Hi ha dies que tot rutlla al revés i et sents fotut, abatut, decebut amb el món sencer. Hi ha dies de boira al cel i núvols negres al pensament. Hi ha nits amb pluja de malsons o idees irracionals que mullen l’ànima amb el xarop de la por i la desesperança. Tanmateix hi ha dues maneres de reaccionar: caure i deixar-se empentar, o caure i tornar a començar.

D’acord, les circumstàncies no són sempre favorables al nostre interés, de vegades hi ha pedres al camí que ens compliquen la tasca de caminar, fins i tot podem trobar obstacles massa grans que ens faran parar i buscar una alternativa. El vent quasi mai bufa en la nostra direcció, però hem d’aprendre a lluitar sense por i resistir en peus enmig la tempesta. Voluntat i paciència, no cal res més per a superar els contratemps. Així doncs, hi ha qüestions que necessiten el seu temps i llavors cal descansar i refugiar-se per a calmar el dolor. No cal córrer més que el temps. Ja ho diu un proverbi alemany: ¿Qué sentido tiene correr cuando estamos en la carretera equivocada? Per això no cal avançar-se a les conseqüències, perquè avançar-se als fets només és especular què passarà. Però ningú sap allò que va a vindre fins que no ho té al davant.

Segurament tothom ha viscut un episodi desagradable, un instant en el qual ho haguera tirat tot al fem i haguera desitjat desaparéixer, deixar de patir, deixar de lluitar contra les adversitats de cada dia. Potser hi ha persones que estan millor adaptades als canvis, eixa gent patirà menys però tampoc escaparà a viure alguna experiència negativa. Pretendre que tot a la nostra vida siga positiu és una utopia, però no estaria gens malament buscar coses positives que ens alleugeren el pes del cap sobre els muscles. Les coses importants no són tan difícils de trobar. Què hi ha més agradable que un somriure vertader? Què hi ha més important que estimar a algú o que algú t’estime? Què podem fer després de caure en l’abisme de la melancolia? Només ens queda l’opció d’aixecar-nos i tornar a començar.

Doncs la clau de la felicitat és senzilla: deixar el passat a una banda, viure el present i no tenir por al futur. És a dir, cal seguir avant sense mirar enrere, no podem renunciar al passat però tampoc cal recordar les experiències negatives, només hem de tornar al passat per a no cometre el mateix error, recordar per a no entropessar amb la mateixa pedra, superar el passat per a arribar a un present ple de llum i energia positiva. Viure cada instant i gaudir de les petites alegries, sentir que ara i ací podem cridar que som lliures per a elegir el nostre caminar. Avançar cap al futur més immediat sense planificar accions a llarg termini, tenir il·lusió però no carregar la ment d’espectatives massa grans... I no oblides que les xicotetes fites són les més gratificants.